6 de junio de 2015

¿ Madurez o adaptación ?

A menudo pensamos que es más maduro quien esta mejor  adaptado. Afirmamos con contundencia, que hay que tener los pies en el suelo, saber lo que hacemos y hacia donde van nuestros pasos, qué queremos en la vida y hasta como lograrlo. Lo pensamos tanto, que sacrificamos todo por volvernos, predecibles, lógicos, unidireccionales.

A veces escucho sobre esa madurez y me pregunto ... ¿ dónde queda el latido del hombre que se busca ?, ... ¿ dónde el deseo de libertad, esa que cuando la ejerzo, me permite  reconocerme profundamente ?, ... ¿dónde la expansión de la alegría por dentro, sin más motivo que ese pequeño intento de crecer y atender al miedo de hoy, con mi pequeña consciencia y coherencia, por atreverme en esta tierra desconocida, por no saber hacia donde voy, ni que será de mí ? 

Yo creo que saberse adaptar a las cicunstancias es la base de la madurez, pero es sólo eso, un principio, nada más un comienzo de un largo camino, hacia uno mismo. Quién se detenga ahí, basara todo en el logro y la permanencia de aquello que alcanza. A la larga vivirá de los laureles del pasado y no de una presencia fuerte e incontestable en el aquí. Siento que por ahí el hombre que alcanza esa cima y no continúa,  se desgasta en pretender que eso es una cima, en lugar de un tránsito.

Las luces de la adaptación, esa enorme conquista que supone saber y conocer de las reglas sociales y de como se puede sobrevivir en esta o aquella sociedad, se empiezan a apagar en cuanto uno pretende prolongarlas durante más tiempo del que le toca. Alguien que contemple la vida hasta ahí, sus días se sucederán en un continuo de más de lo mismo, hasta que de dar vueltas alrededor de lo mismo,se pregunte con tristeza ...

¿ Y esto es todo lo que es vivir ? ...

Valencia, 6 de Junio de 2.015

11 de noviembre de 2013

Tierra de Lobos

Precisamos del otro para construir nuestra imagen, pero mucho más allá para reconocernos.

En ocasiones el otro nos muestra aspectos, que no dejan de ser circunstanciales de nosotros mismos. Es decir, nos definen y nos sentimos creados por el otro, al sentir que eso que llega tiene entidad, realidad, ... al fin y al cabo, si le llega eso, debe ser que soy así. Son reflejos temporales, que ayudan a construirnos una imagen de nosotros.

Si la observación de lo señalado está dentro de lo que nos gusta, nos halaga, sino nos ofende. Resulta curioso, lo dependientes que somos de estas apreciaciaciones tan temporales, como poco fiables, tan limitadas a las circunstancias e intereses del momento y que no responden ni de lejos a lo que somos.

Sin embargo, de cuando en cuando, el otro, nos devuelve algo que pertenece a la esencia, no al yo circunstancial. Es ese reflejo que nos muestra lo que somos, que hace que confundamos con frecuencia el camino. Los aspectos, con la esencia. 

Pocas veces he sentido esto último, pero haberlo vivido, me ha permitido, abstraerme de las partes, para ver el reflejo, como un lobo, que se asoma al río y de pronto comprende que es un lobo, más allá de sus cualidades, el es un lobo, se siente lobo y busca lobos. 

El otro que hace de río, muestra esa esencia de manera incuestionable. No hay circunstancias, no hay cualidades, no hay elogio, ni condena, solo reflejo, solo reconocimiento, solo la imagen de lo que late debajo de lo que se ve.

Valencia, 10 de noviembre 2.013

10 de noviembre de 2013

... atados a lo mismo ...

Al medir el progreso, evaluamos donde estamos. Aparentemente, mientras los hechos no cambian, se mantiene la situación de "sin salida" y de vueltas en círculo.

Es la sensación de seguir "atado" a lo mismo, la que genera impotencia y falta de sentido, cuando la realidad es que la vida es el permanente proceso de desenmascarar lo que suponemos es, a través de la experiencia, para abandonar las ideas de lo que son las cosas y quedarnos con lo que realmente son.


Valencia, 10 de febrero de 2.012 (1)

7 de noviembre de 2013

... considerar alternativas no es elegir ...

Considerar alternativas, arrastra la sensación de poder elegir. Pensar que elegimos, sugiere que lo hacemos, pues justo este pensamiento generador de opciones, no puede consentir la ausencia de elegir, cuando le están apareciendo justo delante una opción detrás de otra. 

Valorar las alternativas, es decir enjuiciarlas, ponderarlas, le aumenta el valor de lo considerado, elevándolo a la categoría de elección. Si pondero esto en lugar de aquello, es que yo decido esto y no aquello, después de considerar las ventajas y los inconvenientes.

Considerar, hace que compremos la idea de que elegimos.

¿Y si realmente los hechos suceden y el pensamiento de elegir, es solo un suceso más sin conexión directa con la acción? ¿Y si elegimos antes de pensar, y solo después justificamos lo que haremos? ¿Cómo podemos saber si elegimos, y si elegimos antes o después de explicarnos como lo hacemos?

Hasta la fecha, solo he podido encontrar, los que creen una cosa o la contraria. O lo que es lo mismo, creemos esto o aquello, porque nos parece más posible, pero no porque lo sepamos.


Valencia 19 de enero 2.012




12 de octubre de 2012

Cubitos Irreales


Trazamos con nuestra mirada y con nuestro entendimiento, las fronteras de lo que son las cosas. Sin darnos casi cuenta estamos configurando el tamaño del cubo, donde alojamos la vida. Y así creamos nuestros cubitos de realidad. Pequeños fragmentos que representan la vida, dándonos la falsa sensación de que si comprendemos la parte conocida, comprenderemos la totalidad.

Somos nosotros al ordenar la vida de esta manera, que hacemos el cubito, lleno de paredes y limites que nos sirven para comprender escasamente, lo que se repite. O mejor, para poder poner la diferencia, en relación a un marco y poder sentir por similitud, que tiene sentido y estructura. Sentimos entonces que la vida es monótona, pero entendible y predecible.

Vivir en los cubitos mentales que nos fabricamos para encasillar la realidad, no hacen sino dejarnos a merced del atasco que nosotros mismos hemos creado. Con ese marco de referencia superpuesto a la vida, no nos queda otra que aceptar que es limitada, que nuestros problemas no tienen solución, pues en el estrecho marco del cubo, no hay más que rebote de una pared a la otra.

La vida no entiende de atascos, es mucho más extensa, mucho más dinámica, solo que nuestra mirada no alcanza más allá de lo que vemos. Nos exige confiar en algo que no podemos ordenar, ni clasificar, pero que podemos reconocer, que podemos desbloquear, que podemos permitir.

No será que la vida es en último término dejarla que se exprese, sin pretender contenerla en ningún cajón. No será que al tratar de ponerle puertas al mar, que le impedimos el oleaje.

Adentrarnos en un mundo sin cubos mentales, es adentrarse en el mundo de lo no racional, que no de lo irracional, en el mundo de lo dinámico, de lo que surge y tiene vida.

¿Qué podemos hacer para salir de nuestro cubito de realidad?, … rodearnos de estímulos que nos hagan cuestionarnos el mismo, que nos estimulen a expandir nuestra visión, que nos hagan pequeño el cubo, que lo minimicen, que lo cambien de lugar, … podemos arriesgarnos a probar a confiar en nosotros, como seres no solo pensantes, … podemos mirar la vida como algo dinámico aunque no lo alcancemos, al menos no lo paralicemos, … podemos arriesgarnos a explorar lo desconocido dentro de nosotros, … podemos conectar con la intención última que nos guía y reconocer a través de ella que solo estamos tratando de salir de una sensación de malestar, podemos reconocer el merito de seguir a pesar de no saber, podemos atrevemos a que nos rompa la experiencia lo que la mente ha construido y arriesgar todo, por un pedazo de experiencia real … aunque esta no quepa en nuestro cubito.

Valencia, Octubre 2.012

4 de abril de 2012

2 de abril de 2012